Adulto Mayor ***

 

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martes, octubre 25, 2005

Prevenir el Alzheimer

El Alzheimer aún no puede curarse, pero sí es posible prevenir o retrasar su aparición. Al menos, en opinión de los expertos, quienes aseguran que unos hábitos de vida saludables (dieta equilibrada y ejercicio), así como mantener la mente activa (leer, hacer crucigramas…) y llevar una vida social plena son fundamentales en la lucha contra este mal progresivo e irreversible. Una dolencia que en España tiene una prevalencia del 8% entre los mayores de 65 años y del 20% entre las personas octogenarias.
Un mal impredecible
El Alzheimer es una enfermedad identificada por vez primera en 1906. Es la forma más común de demencia en edades avanzadas, pero también puede iniciarse de forma precoz en la cuarta o quinta década de la vida. Si bien es un mal progresivo e irreversible – aún no existe un tratamiento que lo cure-, el diagnóstico precoz y el conocimiento de sus síntomas pueden aliviar la ansiedad del paciente, además de propiciar un tratamiento adecuado que retarde las etapas avanzadas de la enfermedad. Pero las soluciones contra esta dolencia no se quedan ahí. Cada vez son más las voces de científicos que se alzan defendiendo la posibilidad de la prevención de esta enfermedad. Entre estos expertos se encuentra José Manuel Martínez Lage, miembro de la Real Academia de Medicina y coordinador del Comité Científico de la Confederación Española de Familiares de Enfermos de Alzheimer y Otras Demencias (CEAFA).
La enfermedad aparece en el 98% de los casos después de los 65 años, y es una dolencia muy “democrática”, ya que afecta tanto a ricos como a pobres y no hace excepción de género, raza, geografía o religión. La prevalencia de Alzheimer es de un 8% entre los mayores de 65, y del 20% entre los mayores de 80

Según indica el avance del padrón del INE de 1 de enero de 2005, en España 7,3 millones de personas ya han rebasado los 65 años y son casi 2 millones los mayores de 80. La prevalencia de Alzheimer es de un 8% entre los mayores de 65, y del 20% entre los mayores de 80. Así que puede hablarse de una cifra de 800.000 enfermos, unos 350.000 mayores de 80 años. Además, se estima que los porcentajes irán subiendo de año en año a medida que la población envejezca y si la ciencia no logra controlar la enfermedad, en el año 2050 esta cifra se triplicaría, con lo que el desajuste social, sanitario y económico sería insuperable. Por fortuna, el doctor Martínez Lage señala que los expertos coinciden en afirmar que tal amenaza no se consumará, “ya que probablemente se podrá controlar antes de 2015”.

Estudio genético
Un modo habitual de prevenir las enfermedades es estudiar las posibilidades de que una persona pueda llegar a verse afectada. Desgraciadamente, En la actualidad no es posible aún predecir esta enfermedad en las personas menores de 50 años. en la actualidad no es posible aún predecir esta enfermedad en las personas menores de 50 años

La única excepción, como comenta Martínez Lage, son las familias en las que la enfermedad se hereda de padre o de madre a hijo o a hija, “pero no hay mucho más de 3.000 familias de este tipo en todo el mundo, y los casos de Alzheimer determinados por herencia no son más de un 2% del total”. Son casos que pueden reconocerse con facilidad:


Los síntomas comienzan entre los 30 y los 60 años.
Casi siempre hay personas afectadas en todas las generaciones.
El proceso es muy grave y conduce a la muerte en unos cinco años por término medio.
En estos casos es necesario pedir consejo genético. “En una alta proporción de casos se puede encontrar una mutación genética responsable de la enfermedad. Una vez demostrado que existe en un enfermo, sus descendientes, aún estando sanos, pueden someterse a un test genético si así se les aconseja. Tal prueba indicará si han heredado la mutación o no. En caso afirmativo padecerán Alzheimer y si el test es negativo, estas personas tendrán el mismo riesgo de enfermar que las demás”, explica José Manuel Martínez Lage.

En todas las enfermedades influyen los genes, bien favoreciendo su aparición, bien protegiéndonos frente a ellas. Es el caso de dolencias como el asma, la artritis reumatoide, el infarto de miocardio o la diabetes. En el Alzheimer pasa lo mismo: existen genes que nos hacen más vulnerables ante él y otros que nos defienden de esta enfermedad. En la actualidad son conocidos algunos de estos genes de riesgo como el llamado APOE E4, aunque debe aclararse que poseer este gen no es necesario ni suficiente para padecer la enfermedad. Las investigaciones actuales giran alrededor de esta cuestión con la finalidad de conocer el perfil genético de predisposición de cada individuo para padecer o no este mal. De momento, sin embargo, son pocas las consecuencias prácticas que han podido extraerse. En el futuro se estima que los estudios genéticos, persona a persona, podrán ser de gran utilidad.

Hábitos saludables
¿Existen posibilidades reales de prevención o retraso de esta enfermedad? No existe duda de que así sea. Es la opinión del doctor Martínez Lage, ya que explica que hay que entender el Alzheimer como el resultado de la interacción de nuestro genoma con el ambiente, la crianza y el estilo de vida que se haya seguido. Así, el Centro de Educación y Referencia sobre la enfermedad de Alzheimer de los EE. UU. (ADEAR) acaba de publicar un estudio sobre las posibilidades de prevención de esta enfermedad. “No está todavía en nuestras manos modificar los genes, ni los causantes de la forma familiar de la enfermedad ni los que facilitan su aparición. Tampoco podemos parar el tiempo y hacerse mayor o muy mayor es una condición muy proclive para sufrir Alzheimer. Pero sí se pueden modificar todos los factores ambientales que ya se conocen para que el proceso no ocurra o retrase mucho su aparición.

No está de acuerdo con esta opinión María Jesús Morala, responsable de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer (Afal), quien asegura que en la actualidad es inviable hablar científicamente de prevención o curación de la enfermedad, ya que no se conocen sus causas. En su opinión, todos los consejos que se proponen para prevenir o retrasar la enfermedad no son específicos para esta enfermedad, sino que son válidos para todas las personas y beneficiosos para la población en general. Por este motivo, señala que sólo se podrá hablar de prevención “cuando se conozca la causa y a qué se debe atacar”. Y la asociación centra sus fuerzas en la investigación básica, en conocer mejor el funcionamiento del cerebro humano y las enfermedades que lo destruyen, “con el objetivo inmediato de conocer los mecanismos de la enfermedad que roba la personalidad de los enfermos y que causa un gran dolor en las familias de los afectados”, expone.

Sí coincide con la aseveración del doctor Martínez Lage el estudio de la revista Science del pasado 5 de agosto, en el que se expone la importancia de un cambio en el estilo de vida para evitar el Alzheimer y afirma que es “un compromiso que ha de respetarse durante toda vida”, a pesar de la dificultad de los jóvenes para aceptar la conveniencia de una vida sana para tener una vejez feliz y librarse del Alzheimer, pues según indica el doctor “renunciar a los placeres de la vida epicúrea actual no se acepta nada bien, y no entra tampoco en los planes de la gente adulta”.

Entre los cambios de hábitos de vida que pueden retrasar o prevenir la aparición de Alzheimer los expertos destacan los siguientes:


Seguir una dieta sana. Los jóvenes y adultos obesos de hoy son ‘carne de cañón’ del Alzheimer el día de mañana. Una alimentación excesiva en calorías, una vida sedentaria y una bulimia conducen al sobrepeso, diabetes, aumento de colesterol e hipertensión arterial, circunstancias que, aparte de ser factores de riesgo cardiovascular, acarrean Alzheimer. Es necesario controlar adecuadamente la nutrición: ni pasarse ni quedarse cortos en las calorías que se ingieren cada día. La restricción calórica en la alimentación supone reducir a un tercio la cantidad de comida habitual diaria, es decir bajar de 3.500 a 1.200 calorías. A medida que se cumplen años y se llega a edades avanzadas, el cerebro produce más cantidad de una proteína llamada GFAP, dañina para los astrocitos, las células del cerebro que ayudan al crecimiento y vigorización de las neuronas. Está comprobado que la restricción calórica también contrarresta la acción de la GFAP, con lo que los astrocitos del cerebro envejecido vuelven a cumplir con su misión de siempre, es decir, ayudan a las neuronas a mantenerse con mejor funcionamiento.

Practicar ejercicio físico aeróbico. Es muy positivo caminar a diario, correr moderadamente, cuidar el jardín o pedalear en bicicleta. Se ha demostrado que reduce el riesgo de demencia a la mitad. De este modo los expertos recomiendan mantenerse en buena forma física.

Mantener la mente ágil (leer, hacer crucigramas…). Por esta razón es importante que los jóvenes se mentalicen de la importancia de la actividad intelectual. “Por cada año de enseñanza que se realiza, se reduce el riesgo de Alzheimer en un 17%”, señala Martínez Lage, por lo que aconseja promover que los jóvenes estudien cuantos más años mejor. “El estudio y el aprendizaje consiguen que en el cerebro se formen más sinapsis o puntos de conexión entre unas neuronas y otras. Si uno llega a la vejez con muchas neuronas y muchas sinapsis, va a tolerar mejor que las causas del Alzheimer -que actúan ya a los 40 ó 50 años- originen síntomas, pues tiene más reserva cerebral”, explica. La recomendación es válida también para las personas entradas en años, que deben intentar que sus actividades recreativas estén llenas de aprendizaje de cosas nuevas: retener lo que se lee y leer mucho, hacer crucigramas de dificultad creciente, componer puzzles complejos, participar en juegos de cartas o de tableros que hagan pensar o dedicarse a tareas de artesanía. Los especialistas aconsejan a las personas mayores ejercitar la memoria al menos durante 40 minutos o una hora diaria Los especialistas aconsejan a las personas mayores ejercitar la memoria al menos durante 40 minutos o una hora diaria

y piensan que es más eficaz cuando se hace en grupos de unas seis personas, para mantener una mayor motivación y a la vez desarrollar la red de contactos sociales.

Controlar el estrés. El derivado de la propia existencia es algo que difícilmente se puede mantener a raya, pero los mayores más estresados padecen Alzheimer con más frecuencia, de modo que cuanto menos angustiado se viva, mejor.

Llevar una vida social activa. La vida actual lleva a que los mayores se aíslen socialmente sin recibir ni hacer visitas, ni participar en actividades comunitarias. Esto precipita el Alzheimer.
A estas recomendaciones, habría que añadir los consejos de ámbito médico paras las personas de 60 años en adelante:


Anualmente es necesario hacerse análisis de sangre que midan el colesterol, la homocisteína y el azúcar. Si alguna de estas cifras es anormal, hay que seguir el consejo médico para normalizarlas.
Cada seis meses ha de tomarse la tensión arterial. Si se está en valores anormales, cumplir las instrucciones que el médico dicte.

 

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jueves, octubre 13, 2005

Las enfermedades reumáticas afectan ya a casi la mitad de los españoles y son uno de los mayores factores de abandono del trabajo

La Sociedad Española de Reumatología y la Coordinadora Nacional de Artritis aseguran que pese a la alta prevalencia la media de retraso en el diagnóstico de la artritis reumatoide es de 18 meses


E.P., Madrid.- La Sociedad Española de Reumatología y la Coordinadora Nacional de Artritis han puesto de manifiesto, con motivo de la celebración el 12 de octubre del Día Mundial de las Enfermedades Reumáticas, que estas patologías (artritis, artrosis, fibromialgia, entre otras) afectan ya a casi la mitad de los españoles. Las Sociedades piden por tanto que la Administración debería mejorar el acceso a los servicios de salud, y dotar con más recursos a este ámbito sanitario.

Así el presidente de la Coordinadora Nacional de Artritis, (CONARTRITIS), Antonio Torralba, resaltó que este tipo de patologías, a pesar de su alta prevalencia, son "grandes desconocidas" para la sociedad. En este sentido, destacó la necesidad de fomentar una mayor sensibilización de este tipo de enfermedades, sobre todo en el ámbito laboral.

Por su parte, el doctor Javier Ballina, adjunto al Servicio de Reumatología del Hospital Universitario Central de Asturias, afirmó que la artritis, que afecta a unos 300.000 españoles, responde mejor al tratamiento en las primeras semanas de aparición por lo que es necesario tratar a los pacientes de forma precoz. Asimismo, recordó que la media de retraso en el diagnóstico de la artritis reumatoide es de 18 meses, según un estudio de la Sociedad Española de Reumatología.

Causa de abandono laboral
La detección precoz reduciría el gasto sanitario, ya que un diagnóstico y tratamiento precoz disminuiría los gastos generados por invalidez e incapacidad, según el experto, quién precisó que a los tres años de haber comenzado la enfermedad, un 25 por ciento de pacientes pierde su trabajo y a los 10 años se jubila.

En concreto, la artritis afecta a 3 mujeres por cada varón, y suele comenzar con mayor frecuencia entre los 40 y los 60 años, indicó el especialista. Asimismo, abogó por fomentar la relación de confianza entre el médico de familia y el afectado para mejorar la adhesión al tratamiento.

Por otro lado, el doctor Martínez-Lavín, jefe del Departamento de Reumatología del Instituto de Cardiología de México, defendió las alteraciones en el sistema nervioso autónomo como causa principal de la fibromialgia. No obstante, señaló que se trata de una enfermedad en la que los aspectos psicológicos influyen de una manera determinante, ya que los afectados sufren "dolor e incapacitación, depresión, incomprensión, bajas laborales, dificultad en las relaciones sociales y problemas con la pareja, entre otros problemas".

 

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jueves, octubre 06, 2005

Ejercicio y Alzheimer

Un experimento realizado con ratones de laboratorio permite demostrar que el ejercicio ayuda a eliminar las placas beta-amiloide causantes del deterioro cognitivo en las personas con Alzheimer NUEVA YORK (HealthDay News).— Según un nuevo estudio en ratones, el ejercicio podría prevenir los dañinos cambios en el cerebro que se asocian con la enfermedad de Alzheimer, disminuyendo así el riesgo de desarrollar la condición. El ejercicio también parece aumentar el ritmo de aprendizaje entre ratones criados para tener Alzheimer.

En el estudio, cuyos descubrimientos aparecen en la edición del 27 de abril de The Journal of Neuroscience, los investigadores mostraron que el ejercicio a largo plazo disminuía el nivel de partículas de proteína beta-amiloide formadora de placa, que es la característica del Alzheimer.

“Este es el primer estudio en mostrar que el ejercicio es suficiente para disminuir el número de placas en el cerebro, así como un aumento en el índice de aprendizaje”, según Paul A. Adlard, principal investigador y estudiante de posdoctorado en la Universidad de California en Irvine.

El y sus colegas trabajaron con ratones especialmente criados con el gen humano que produce la proteína beta-amiloide.

Cuando los ratones tenían entre cuatro y seis semanas, fueron colocados en jaulas con o sin ruedas de ejercicio. A los que tenían ruedas se les permitió hacer ejercicio un mes o cinco meses, cada vez que quisieran. Los que no tenían ruedas fueron considerados sujetos sedentarios.

Periódicamente se examinaba la capacidad de los animales para aprender colocándolos en un laberinto de agua. Los ratones que habían usado las ruedas durante cinco meses tardaron menos en aprenderse el laberinto que los que no hicieron ejercicio.

Los investigadores dicen que este descubrimiento significaría que el ejercicio puede ayudar a compensar los problemas cognoscitivos y de aprendizaje que sufren los pacientes de Alzheimer.

Pasados cinco meses, los investigadores volvieron a examinar tejidos de los cerebros de ratones que habían hecho ejercicio.

“Esos ratones tuvieron casi 50% menos placa que los ratones que no hicieron ejercicio”.

El doctor Adlard admitió que sigue siendo un misterio la razón para que el ejercicio tenga este efecto.

“Sin embargo, lo estimulante de esto es que está dando validez científica a mucha evidencia anecdótica. Este estudio demuestra que un cambio pequeño en el estilo de vida tiene una base científica para, quizá, poder prevenir la enfermedad de Alzheimer”, indicó.

El doctor David A. Bennett, director del Centro de Enfermedad de Alzheimer Rush en Chicago, califica los descubrimientos como “fascinantes”, y él mismo está realizando estudios con más de 1,000 personas sanas para determinar la forma en la que el estilo de vida afecta el desarrollo de Alzheimer.

“Las personas en el estudio aceptaron donar sus cerebros para que, al morir, podamos medir sus depósitos amiloides”.

http://www.yucatan.com.mx

 

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domingo, octubre 02, 2005

Enfermedad de Alzheimer

ENFERMEDAD DE ALZHEIMER

La demencia es un síndrome que se puede considerar como un declinar de las funciones superiores, fundamentalmente de la memoria, a las que se añade un deterioro del pensamiento abstracto y de la capacidad de razonamiento. Además se suele sumar cambios en la personalidad y en el comportamiento que conllevan un deterioro en el funcionamiento social y representa un declive significativo del nivel previo del funcionamiento. Para ser considerado un síndrome, debe tener las siguientes características: nivel de conciencia normal, ser un déficit adquirido, mantenerse en el tiempo, afectar a diferentes funciones, tener una repercusión apreciable a nivel personal, laboral o social.

EPIDEMIOLOGIA

En su conjunto afecta a cerca del 5% de las personas de 65 años, aumentando conforme lo hace la edad hasta cifras de aproximadamente el 30% a los 85 años, considerándose un 15% del total de las personas mayores de 65 años.
La causa más frecuente es la Enfermedad de Alzheimer (EA) que supone entre el 60 y el 70% del total de los casos. Esta enfermedad supone una importantísima carga y sufrimiento para el enfermo y su familia, generando unos costes estimativos entre dos y cuatro millones de pesetas por persona y año.

CLÍNICA

La sintomatología es múltiple y puede afectar al paciente de diferentes formas, por lo que se pueden dividir en dos grupos fundamentales de problemas como son los cognitivos y los conductuales. La interacción entre ellos produce como resultado una alteración funcional del paciente que es la verdadera esencia de la enfermedad. Esta distinción tiene importancia tanto a nivel etiológico como clínico.

1) SÍNTOMAS COGNITIVOS:

Aparecen precozmente, aunque no siempre de forma evidente, son los principales causantes de la incapacidad funcional lo que conlleva el deterioro de las habilidades en las actividades de la vida diaria.

Memoria: Probablemente es el más llamativo porque suele ser el más precoz, afectándose tanto la memoria reciente como la remota. La memoria reciente junto a la dificultad de aprendizaje de nuevas informaciones es la que se deteriora con mayor prontitud.

Lenguaje: Presenta diferentes formas de gravedad dependiendo de la evolución, afectándose tanto la comprensión como la capacidad de expresión, interfiriendo tanto el lenguaje oral como el escrito. Conforme avanza, el lenguaje se empobrece, con repeticiones involuntarias, llegando en el estadio final al mutismo.

Praxias: Se manifiesta por la dificultad para realizar movimientos de forma fina y coordinada como pueden verse en el manejo de objetos corrientes, vestido, escritura o dibujo. Posteriormente puede aparecer incoordinación deglutoria y finalmente una acinesia casi completa.

Gnosias: Dificultad para reconocer la información que llega a través de los órganos de los sentidos, manifestándose al identificar objetos o personas conocidas.
También puede afectar a la propiocepción, confundiendo la derecha y la izquierda así como partes de su cuerpo y su situación en el espacio.

Estas son las funciones cognitivas instrumentales claves para el diagnóstico de determinadas demencias como la enfermedad de Alzheimer.

Otros síntomas cognitivos son la desorientación espacial y temporal, atención, cálculo, capacidades ejecutivas (Se relaciona con el lóbulo frontal y sus conexiones produciendo incapacidad para ordenar la secuencia de los actos que llevan a la ejecución material de un pensamiento. Los pacientes efectúan parte de las tareas de forma repetitiva), pensamiento, capacidad de juicio y abstracción.

2) SÍNTOMAS PSIQUIÁTRICOS Y DEL COMPORTAMIENTO:

Son muy importantes debido a que determinan la calidad de vida del paciente, de sus familiares y cuidadores en buena parte. Generalmente se presenta en estadios medios y avanzados en un total de un 70 y un 90% de los pacientes en algún momento de su evolución. Son la primera causa de estrés en los cuidadores, de institucionalización y su aparición supone un gran incremento en los costes económicos.

Delirios: Se presentan entre un 20-70% de los pacientes, y consisten en formarse ideas que no son ciertas.

Alucinaciones: El paciente ve cosas, personas o situaciones irreales que en general le angustian.

Además se producen falsos reconocimientos e identificaciones, síntomas afectivos, suicidio, cambios de personalidad, trastornos de la actividad, vagabundeo, trastornos del sueño, incontinencia de esfínteres, trastornos del comportamiento y trastornos sexuales:

DIAGNOSTICO

Existen unos criterios operativos para el diagnóstico lo que facilita el mismo y su fiabilidad. Existen dos sistemas de amplia difusión a nivel internacional, muy similares y que pueden ser utilizados indistintamente como son la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (CIE-10) que es la clasificación con mayor difusión internacional y la oficial en España y el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana (DSM IV), que es sólo oficial en EEUU pero tiene una amplia difusión a nivel Europeo. Señalar por último los criterios de NINCDS-ADRDA, clasificación de origen neurológico realizado por un comité para la estandarización del diagnóstico y la investigación de la enfermedad de Alzheimer.

En el proceso diagnóstico debemos basarnos en la historia clínica, exploración neuropsicológica, y otras pruebas complementarias como datos de laboratorio y pruebas de neuroimagen.

DIAGNOSTICO DIFERENCIAL

Se deberá realizar un diagnóstico de exclusión de otras entidades, entre las más frecuentes son:

Depresión: pueden surgir de forma independiente o estar relacionadas entre sí. Las posibilidades son las siguientes:

Demencia con depresión añadida: entre un 20-50% de los pacientes con demencia primaria desarrollan un trastorno depresivo, frecuentemente en los primeros estadios, aunque puede verse en fases más avanzadas.

Depresión que evoluciona a demencia: Hay un cierto número de depresiones de inicio tardío que evolucionan hacia deterioro cognitivo y/o demencia. El factor de riesgo fundamental es la enfermedad cerebrovascular, presentando los pacientes en pruebas de neuroimagen signos de isquemia o leucoaraiosis.

Depresión primaria: A cualquier edad puede cursar con cierta sintomatología cognitiva, sobre todo en la atención o memoria a corto plazo. Los trastornos están en relación sobre todo con falta de atención. Clasicamente se denominaba “Pseudodemencia depresiva”, aunque actualmente se prefiere el término de “Depresión con deterioro cognitivo asociado” caracterizado por la reversibilidad del cuadro tras el tratamiento antidepresivo. (Véase anexo).

Delirium: Se trata de un trastorno de carácter agudo o subagudo cuya característica diferencial fundamental es el descenso del nivel de conciencia con una capacidad disminuida para focalizar, o mantener la atención.

Trastorno selectivo de memoria en el anciano: el rendimiento de la memoria puede estar alterado y esto no siempre está en relación con la demencia. Debemos destacar dos posibilidades:

Olvidos benignos de la edad: son pacientes cuyo funcionamiento amnésico es menor en la edad avanzada, pero no tiene otras dificultades, no se agrava y no presenta evolución hacia demencia.

Trastornos de memoria asociados a la edad: supone una pérdida de la misma medida por test psicométricos valorada con más de dos desviaciones estándar de lo esperable en ancianos sanos de su misma edad.

PRONOSTICO

Vendrá determinado por la etiología, en la enfermedad de Alzheimer el promedio de supervivencia es de unos 10 años aunque con un amplio margen llegando en algunos pacientes hasta los 20 años de duración. Las demencias de origen vascular y por cuerpos de Lewy pueden presentar una evolución mucho más rápida siendo en el caso de esta última de pocos años.

En el pronóstico de la enfermedad de Alzheimer influyen una serie de factores clínicos:

· Edad de comienzo, a mayor precocidad se observa mayor velocidad de deterioro cognitivo.
· Rapidez del deterioro antes del diagnóstico.
· Deterioro precoz del lenguaje.
· Presencia de síntomas extrapiramidales.
· Delirios y alucinaciones, que producen un deterioro más rápido pero no disminuyen la supervivencia.
· Depresión
· Comportamiento agresivo
· Trastornos del sueño.

TRATAMIENTO

1) Tratamiento de los síntomas cognitivos: actualmente se utilizan los inhibidores de la acetilcolinesterasa que incrementan la función colinérgica y han demostrado tener un efecto directo sobre la capacidad cognitiva. Entre ellos destaca el donepecilo y la rivastigmina, medicación que solo pueden prescribir especialistas como neurólogos, geriatras y psiquiatras. Las terapias adecuadas consiguen detener temporalmente el curso de la enfermedad, esto tiene unas importantes connotaciones sociales pues retrasa la institucionalización. Su eficacia es mayor cuanto más precoz se inicia el tratamiento.

2) Tratamiento farmacológico de los síntomas no cognitivos: el primer paso es buscar una causa reversible y que pueda ser tratada sin necesidad de psicofármacos. Los principales fármacos para controlar esta sintomatología serían:
A) Neurolépticos: actúan sobre los síntomas psicóticos independientemente del origen etiológico, presentando además eficacia demostrada sobre alteraciones de la conducta. Actualmente se dispone de neurolépticos atípicos que actúan sobre el sistema serotoninérgico provocando una disminución de síntomas extrapiramidales. A su vez han demostrado ventajas considerables respecto a la eficacia sobre síntomas negativos y a la sintomatología psicótica positiva. Los efectos secundarios, más comunes en edades avanzadas sobre todo son la sedación excesiva, síncopes en relación con la hipotensión ortostática, fenómenos anticolinérgicos, síntomas extrapiramidales y discinesia tardía.
B) Benzodiacepinas: son fármacos altamente utilizados en el tratamiento de la ansiedad y del insomnio, sencillos de manejar, habitualmente eficaces y con buen margen de seguridad. En los ancianos, todo esto queda matizado según el tipo de benzodiacepina y perfil farmacocinético y farmacodinámico, recomendándose utilizar siempre las de vida media más corta (lorazepam). En el anciano con demencia hay que tener en cuenta la relación de dicho fármaco con empeoramiento del rendimiento cognitivo, por lo que debe evitarse siempre que sea posible. No debe olvidarse la posibilidad de fenómenos paradójicos con su administración.

3) Tratamiento no farmacológico

Este tipo de tratamiento debe iniciarse después de haber identificado aquellos comportamientos que producen las alteraciones, estudiado el comportamiento en sí y de haber examinado las consecuencias.


Fuente: Trabajo realizado por Medical Practice Group (MPG) para azprensa.com. Febrero 2005.


http://www.azprensa.com/

 

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