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viernes, noviembre 25, 2005

Perder sólo siete kilos alivia la artrosis de rodilla

Si sufre artrosis de rodilla y sobrepeso, será suficiente con que pierda unos cuantos kilos para aliviar su dolor. Así lo acaba de constatar una investigación, en la que los pacientes caminaban media hora al día.
Fuente: El Mundo Salud - España
22/11/2005

Si usted sufre artrosis de rodilla y sobrepeso, será suficiente con que pierda unos cuantos kilos para aliviar su dolor. Así lo acaba de constatar una investigación, presentada en la reunión anual de los reumatólogos estadounidenses, en la que los pacientes caminaban media hora al día.


"Siempre hemos visto la pérdida de peso como una intervención prometedora para aquellos con artrosis de rodilla, pero no estaba claro cuánto peso necesita perder la gente para mejorar sus síntomas", explica Susan Bartlett, profesora de medicina de la Universidad John Hopkins (EEUU).

Hace un par de meses, una investigación ya sugería que bastaba con una modesta pérdida de peso aliviar la carga que se ejerce sobre la rodilla afectada.

Ahora, el trabajo de Bartlett confirma las bondades de este tipo de intervenciones: "Incluso en personas obesas, parece que una pérdida de peso modesta (es decir, apenas siete kilos) está relacionado con una mejoría de casi el 50% en los síntomas de la artrosis de rodilla", afirman esta especialista y su equipo.

El estudio

Los investigadores han llegado a esta conclusión tras evaluar un programa compuesto de reuniones semanales para hablar de nutrición, actividad física... y un plan deportivo consistente en empezar a caminar hasta conseguir caminar media hora casi todos los días.

Un total de 50 pacientes de una media de 57 años y con sobrepeso (las mujeres pesaban unos 90 kilos y los varones algo más de 100) fueron divididos en dos grupos: durante cuatro semanas, la mitad se sometió a este plan y los demás no recibieron ningún tipo de intervención (grupo control).

Tras este seguimiento, se constató que los voluntarios del primer grupo habían conseguido perder 6,8 kilos. "Esto puede no parecer mucho, pero observamos que incluso perder esta modesta cantidad de peso supone una gran diferencia", comenta Bartlett. En estos pacientes mejoró el dolor, la rigidez y la movilidad. Los voluntarios del grupo control ganaron medio kilo durante este periodo y no experimentaron cambios en ninguna de las variables.

Ahora, los autores planean seguir a estos voluntarios durante un año más.

Ejercicio tres veces por semana

Otra investigación presentada en esta reunión científica confirma las bondades de la actividad física en la artrosis. Los participantes, con una media de 68 años, fueron asignados a cuatro posibles intervenciones: un programa de ejercicio y pérdida de peso, dos planes dirigidos únicamente a uno de estos dos objetivos o bien los cuidados habituales (grupo control).

La actividad física eran sesiones tres veces por semana consistentes en caminar con bastones y ejercicios de fortalecimiento, mientras que para el control del peso se reunían con un dietista.

Los voluntarios del primer grupo y los del programa de ejercicios consiguieron mejorar su estado físico (se valoraba la distancia que podían recorrer en seis minutos) y perdieron peso.

"Este estudio muestra que cualquier esfuerzo para ayudar a aumentar la atención en el ejercicio y reducir el peso más allá del cuidado habitual mejorará la movilidad de aquellos ancianos con artrosis de rodilla", explica Elly Budiman, una de las autoras de esta investigación.

http://www.buenafuente.com

 

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domingo, noviembre 06, 2005

Fortalecer nuestros huesos con una buena alimentación

La osteoporosis es una enfermedad en la que tiene lugar una reducción de la masa ósea, por lo que la fragilidad de los huesos aumenta y por tanto el riesgo de sufrir una fractura es mayor. Las mujeres son quienes mayor incidencia de osteoporosis presentan, sobretodo tras la menopausia donde tiene lugar una pérdida de masa ósea principalmente trabecular, es decir, en la parte interior del hueso.


Influencia de la vitamina B12


Las mujeres presentan una posibilidad cuatro veces mayor a la de los hombres de desarrollar osteoporosis. Sin embargo los resultados obtenidos en un reciente estudio llevado a cabo por científicos del Servicio de Investigación Agrícola de Estados Unidos, indican que la deficiencia de vitamina B12 está asociada con una baja densidad de los huesos tanto en hombres como en mujeres. Si bien, el mecanismo por el que tiene lugar esta asociación no se conoce.

La ingesta recomendada de vitamina B12 para adultos, tanto hombres como mujeres, es de 2´4 microgramos (la milésima parte de 1 gramo) diarios. En principio llevando a cabo una dieta variada y equilibrada que incluya cantidades suficientes de carnes, pescados, huevos y lácteos, no tiene porqué existir una deficiencia de esta vitamina. Sin embargo, la falta de ácido clorhídrico en el jugo gástrico que suele asociarse al envejecimiento, puede reducir la capacidad de absorber dicha vitamina.


No olvidar otros nutrientes


Calcio

Para evitar la aparición de osteoporosis es importante que exista una ingesta suficiente de calcio a lo largo de la vida. Para asegurar el aporte dietético de calcio es necesario tomar como mínimo dos raciones al día de lácteos u otros alimentos que sean buena fuente de dicho mineral (soja y sus derivados, "leches" vegetales, sésamo fermentado, etc.). En raciones habituales de consumo, una ración de lácteos se traduce en un vaso de leche, dos yogures, dos petit suisse, cuatro quesitos, 40 gramos de queso curado ú 80 gramos de queso fresco.

Vitamina D

Esta vitamina favorece la absorción de calcio por lo que contribuye a la mineralización de los huesos y dientes. También moviliza los depósitos de calcio de los huesos para mantener un nivel adecuado de este mineral en la sangre.
Fuentes dietéticas: aceite de hígado de bacalao, pescado azul, yema de huevo, hígado, lácteos enteros o enriquecidos, mantequilla y nata.

Fósforo

Este mineral interviene en la formación, desarrollo y mantenimiento de huesos y dientes. El fósforo y el calcio se encuentran en equilibrio en el organismo, ya que la abundancia o la carencia de uno afecta la capacidad de absorber el otro. Por tanto, el exceso de fósforo produce una menor asimilación de calcio, lo que puede provocar la desmineralización del hueso.
Fuentes dietéticas: alimentos ricos en proteínas como carnes, pescados, huevos, quesos y otros lácteos y derivados de estos alimentos. También abunda en las frutas secas y los frutos secos, los cereales integrales y las legumbres.

Magnesio

El magnesio es un mineral que también forma parte de nuestros huesos. Además interviene en las acciones de la parathormona (hormona que regula el equilibrio de calcio y fósforo en el organismo) y de la vitamina D en el hueso.
Fuentes dietéticas: carnes, marisco, lácteos, frutos secos y granos de cereales integrales.

Flúor

La mayor parte del flúor se encuentra en los huesos en forma de una sal denominada "fluorapatito", fundamental para conservar la dureza del esmalte de los dientes y para mantener estable la matriz mineral de los huesos. Además las sales de flúor a nivel óseo contribuyen a aumentar la densidad del hueso, ya que constituyen puntos sobre los que comienza el proceso de cristalización mineral.
Fuentes dietéticas: agua, pescado, té negro y marisco.

Silicio

El silicio posee la función de estimular las células que participan en la formación de huesos y cartílagos, por lo que contribuye a combatir la osteoporosis.
Fuentes dietéticas: agua mineral, café, cerveza y alimentos ricos en fibra como los cereales integrales.

Llevando a cabo una alimentación variada y equilibrada, se asegura el aporte de cantidades suficientes de todos estos nutrientes de gran importancia para el mantenimiento de la salud ósea.

http://www.consumer.es

 

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Osteoporosis: la epidemia silenciosa

Según la Fundación Internacional de Osteoporosis (IOF) el riesgo de padecer una fractura osteoporótica en algún momento de la vida, sin haber presentado un síntoma previo, es de 30 a 40 por ciento para las mujeres y el 13 porciento para los hombres; por este motivo se la denomina la "epidemia silenciosa".

En la lucha contra esta enfermedad la Organización Mundial de la Salud estableció durante los años 2000 al 2010 la década de "Huesos y Articulaciones", con el objetivo que tanto los médicos como la población en general y las entidades sanitarias tomen conciencia de la importancia de la prevención y detección temprana de esta enfermedad
Según la doctora Lucia Lijerón de la Sociedad Boliviana de Osteoporosis, ésta es una enfermedad dolorosa que deforma la fisonomía al debilitar los huesos y hacerlos más propensos a la fractura. Según comenta el hueso osteoporótico es más frágil que el normal y se deforma o quiebra espontáneamente o ante golpes o caídas insignificantes. "Muchas personas sufren de osteoporosis sin saberlo porque aún no se han fracturado aunque la fragilidad ya se encuentre avanzada".

La Osteoporosis comienza cuando por algún motivo se produce un deterioro en la cantidad y calidad del hueso, que lleva a que pequeñas pares importantes de los hueso se vayan destruyendo. Cuando se acumula una serie de defectos óseos, los huesos ya no pueden soportar las mínimas exigencias de la vida diaria y se deforman, aplastan, o fracturan.

De acuerdo a las consecuencias de la enfermedad la fractura de cadera es la peor consecuencia de la Osteoporosis porque ocasiona al paciente dependencia para su movilización y cambia su calidad de vida y la de su entorno.

Encuestas médicas internacionales han demostrado que la Osteoporosis no sólo es un problema de traumas óseos o de estética corporal, sino que también se deteriora la capacidad de ejercer actividades y la expectativa de vida. Por lo general cuando la Osteoporosis se detecta a simple vista es poco lo que puede hacerse para evitarla y sólo resta minimizar las complicaciones de mayor riesgo para la salud.

Por ello conviene aplicar a tiempo las medidas preventivas, acudir al médico quien podrá evaluar el riego de cada paciente, detectarla y contrarrestarla con medicaciones eficaces. En la actualidad, existe una técnica radiológica denominada densitometría que contabiliza la cantidad de calcio que hay dentro del esqueleto e identificar a los pacientes que han perdido mucho calcio o lo están perdiendo.

Por el desconocimiento sobre la enfermedad y sus consecuencias los médicos encuentran serias dificultades para que los pacientes recién diagnosticados cumplan fielmente con las indicaciones a pesar que existen varias posibilidades terapéuticas.

 

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Tromboflebitis

Un golpe en una pierna, permanecer tumbado y en reposo durante amplios periodos de tiempo, una inyección, una variz o la ingesta continuada de anticonceptivos por vía oral pueden ser suficientes para provocar la patología conocida como tromboflebitis. Este mal, basado en la aparición de trombos que inflaman las venas, tiene tratamiento y cura sencillos. No obstante, en los casos más extremos, si no se trata convenientemente, puede provocar incidencias importantes en la salud del paciente, hasta el punto de provocar la muerte.

Perfil tipo: Mayores de 60 años y mujeres

La circulación de la sangre requiere que los cauces por los que ésta discurre estén convenientemente despejados. Sin embargo, en ocasiones la circulación se ve dificultada por la aparición en el sistema sanguíneo de taras y patologías que perjudican el adecuado paso del plasma. Entre ellas, está la tromboflebitis, que consiste en la aparición de trombos o coágulos en las venas que degeneran en una inflamación de las mismas, o viceversa.
Tal circunstancia puede devenir en una serie de complicaciones médicas que, en casos extremos, podrían llevar al paciente a situaciones delicadas si no se acota a tiempo la sintomatología propia que acompaña a esta enfermedad, capaz de degenerar en necrosis de los tejidos afectados o embolia pulmonar. Pese a todo, esta patología tiende a ser una afección autolimitada y sin excesivos riesgos, ya que suele desaparecer tras un máximo de quince días de incidencia y tratamiento.

La aparición de los trombos se debe a una serie de factores que actúan sobre la sangre haciendo que ésta pierda su habitual estado líquido. Esta situación ocurre cuando el torrente sanguíneo se estanca o cuando las paredes de las venas por las que discurre han sufrido algún tipo de incidencia o lesión. Hasta el 90% de las tromboflebitis tienen lugar en las venas de las piernas

.Asimismo, los trombos pueden ser consecuencia directa de la aparición en el organismo de sustancias que favorezcan la coagulación sanguínea. Todo ello da como resultado un estadio en el que los componentes de la sangre se adhieren en las paredes de las venas, obstruyéndolas de forma progresiva y dificultando así la circulación. Esta situación –la aparición de coágulos- se da en la gran mayoría de los casos en las extremidades inferiores. De hecho, según los datos aportados por la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, hasta el 90% de las tromboflebitis tienen lugar en las venas de las piernas

En cualquier caso, entre las situaciones que pueden facilitar la aparición de tromboflebitis están aquellas que devienen de estados en los que el paciente ha permanecido postrado en reposo o de pie durante largos periodos. Aparte, pueden estar en riesgo de padecer esta patología las personas con una alteración en la composición de su sangre o las mujeres con embarazos recientes y los individuos que sufren en sus piernas episodios varicosos, tal y como indican los datos facilitados por el Ministerio de Sanidad y Consumo.


Situaciones de riesgo


Además, existe el riesgo de padecer tromboflebitis cuando se dan episodios de insuficiencia cardiaca, traumas y fracturas, recientes intervenciones quirúrgicas (en rodillas o caderas, entre otras), o con la toma por parte de mujeres de anticonceptivos orales por periodos de tiempo prolongados. También están documentados casos en los que los coágulos surgen tras el suministro a un enfermo de fármacos mediante goteo intravenoso o tras la infección de una vena próxima. Incluso, existen expedientes, englobados bajo la definición de Síndrome de la ‘clase turista’, en los que la tromboflebitis ha afectado a personas que viajaban en avión y que han permanecido muchas horas sentadas en los asientos de la aeronave, algo que también puede ocurrir . en largos desplazamientos en automóvil. Otros condicionantes que favorecen la aparición de la tromboflebitis son la obesidad, la edad y el género –es más frecuente en mayores de 60 años y en mujeres-, y las circunstancias genéticas.

Con todo lo dicho, conviene señalar que la seriedad de la tromboflebitis reside en su incidencia sobre el sistema circulatorio. De hecho, sus consecuencias más perjudiciales y extremas, de no tratarse, pueden derivar en un tromboembolismo pulmonar en el caso de que el coágulo se desprenda y alcance los pulmones. En ese caso, el trombo impediría el intercambio de oxígeno puro por aire contaminado, con lo que el organismo del paciente no se ventilaría como es debido y, por tanto, la situación podría acabar en complicaciones serias, entre ellas, la muerte. Los trombos, si se desprenden, como puede llegar a ocurrir en casi la mitad de los casos, pueden alcanzar al cerebro y al corazón, entre otros órganos vitales, produciendo daños a veces irreparables

Tromboflebitis superficial
Esta patología puede aparecer tanto en las venas del exterior del organismo como en las que se encuentran en el interior del sistema venoso. Si se dan los condicionantes de la primera de sus dos versiones, será porque se trata de una tromboflebitis superficial. La misma se da con mayor profusión en personas de edad afectadas ya por varices en su sistema circulatorio.

José Ramón Páramo, especialista del Laboratorio de Hematología de la Clínica Universitaria de Navarra, explica que esta patología provoca dolor y un aumento de la temperatura de la extremidad perjudicada, que tiende a adoptar un color entre violáceo y rojizo y a tensarse e hincharse. En los centros médicos se suele diagnosticar con exámenes que tienen en cuenta el pulso, la presión arterial, la circulación sanguínea y la temperatura, así como el aspecto y el estado de la piel de la zona afectada.

En la mayoría de las ocasiones, para remediar la sintomatología descrita basta con un tratamiento conservador a base de antiinflamatorios, anticoagulantes o antibióticos, dependiendo del origen de la tromboflebitis. En ocasiones, los trombos también desaparecen con remedios comunes: evitando la presión sobre el área afectada con paños calientes y húmedos sobre la zona afectada, descanso y reposo, o con la elevación de los miembros afectados por encima del corazón. En cualquier caso, este tipo de tromboflebitis acostumbra a tener una curación poco problemática, desapareciendo la inflamación en 15 días aproximadamente. En este sentido, desde la referida institución académica se apunta a que es difícil de cuantificar el porcentaje de población que sufre de este tipo de patología, circunstancia que responde, entre otras consideraciones, a la ausencia de cuadros y manifestaciones médicas que acompaña a esta enfermedad.

Pese a lo dicho, hay autores que consideran que la gran mayoría de los casos de tromboflebitis superficial deberían ser tratados, ya que su presencia se relaciona en varios estudios con el surgimiento posterior de la tromboflebitis profunda.

La tromboflefitis superficial también puede surgir como reflejo de otras enfermedades: de varios tipos de cánceres o de la denominada enfermedad de Buerger, padecimiento que inflama los vasos sanguíneos y que afecta sobremanera a los píes y manos de los perjudicados.

Tromboflebitis profunda en una de cada 100 personas
Aparte de la tromboflebitis superficial, también se pueden dar casos de su versión profunda y su incidencia puede provocar situaciones comprometidas, aunque éstas tienden a ser poco frecuentes. Además, este tipo de patología puede tener, a su vez, varias interpretaciones. De hecho se puede dar de forma difusa, situación denominada por la clase médica como ‘flegmasia alba dolens’. Sus síntomas se traducen en dolor en los músculos afectados, incremento de la temperatura de la zona afectada e inflamación del área dañada. Si esta situación se produce, como suele ser habitual, en las extremidades inferiores, puede degenerar, incluso, en dificultades para caminar. Tampoco son extraños episodios de fiebre y malestar general, que pueden llegar acompañados de cansancio.

Ahora bien, si la tromboflebitis profunda es masiva (‘flegmasia cerúlea dolens’), el miembro afectado se reconoce porque se queda frío y porque adopta matices violetas, además de generar un malestar agudo y general.


Internamiento del paciente


Debido a su complejidad, en caso de tromboflebitis profunda suele ser necesario el internamiento del paciente para poder acotar su incidencia. Su tratamiento en estos casos requiere del uso de anticoagulantes por periodos no inferiores a medio año. De esa forma se previene la posibilidad de la aparición de un tromboembolismo pulmonar. En casos de tromboflebitis profunda aguda, incluso, podría ser necesaria una intervención quirúrgica si es que se da en venas de importancia vital. Este tipo de trombosis se da con mayor frecuencia en personas mayores de 60 años. Al respecto, las estimaciones médicas calculan que el número de personas que desarrollan esta enfermedad anualmente en España podría alcanzar a una de cada 100.


Cómo prevenir la enfermedad


En muchas ocasiones la tromboflebitis puede presentarse sin avisos patentes. Entonces, el diagnóstico dependerá de la ejecución de una serie de pruebas basadas en ultrasonidos o estudios sobre la composición de la sangre del individuo aquejado para intentar descifrar posibles taras y disfunciones en los sistemas de coagulación de la sangre.

En cualquier caso, la tromboflebitis se puede prevenir. Por ejemplo, en aquellos casos en los que el individuo está inmovilizado, como en los viajes largos aéreos es conveniente mover las piernas y levantarse del asiento para estirar las extremidades. Asimismo, si la causa es la administración de fármacos vía intravenosa, una posible solución es ir alternando el lugar donde se pone la inyección.

 

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