Adulto Mayor ***

 

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viernes, junio 30, 2006

Síndrome del marido jubilado

La japonesa Sakura Terakawa, de 63 años, describe sus 40 años de vida de casada en un pequeño departamento urbano como una transición gradual de esposa a madre y sirvienta. La comunicación con su marido pasó de las cartas de amor y las palabras románticas bajo los árboles de los parques a exigencias sobre qué debía preparar para la cena y críticas por la forma de hacer las tareas de la casa.

Es por ello que cuando su marido le anunció hace tres años, con una enorme sonrisa, que iba a jubilarse, Sakura se desesperó. "Se terminó. Voy a tener que divorciarme", recuerda haber pensado aquel día. "Tener que esperar su llegada a casa todos los días ya era lo suficientemente malo. Pero que esté ahora todo el día en casa es más de lo que puedo aguantar", confiesa. Por temor a no tener cómo mantenerse, Sakura decidió finalmente seguir adelante con su matrimonio, para convertirse en una japonesa más afectada por un trastorno que los especialistas llaman SMJ (o síndrome del marido jubilado).

Fiel a la tradición de la mujer de edad que vive dedicada al bienestar de su esposo, Sakura comenzó a esmerarse por atender a su marido. La jubilación hizo desaparecer toda la vida social que la oficina de su marido generaba, dejándolo virtualmente sin amigos y a ella con el peso de tener que llenar todo su tiempo vacío. A semanas de la jubilación, el esposo de Sakura apenas si salía de la casa, miraba televisión y leía el diario y no hacía más que dar órdenes a su mujer. Y también le prohibió además salir con sus amigas.

Al cabo de unos meses, Sakura había contraído úlcera, comenzó a tener dificultades para hablar y hasta le apareció una rara erupción cutánea alrededor de los ojos. Cuando los médicos le descubrieron pólipos en su garganta, pero no pudieron encontrar ninguna causa médica razonable para su repentina serie de malestares, la derivaron a un psiquiatra, que le diagnosticó SMJ causado por stress.

Sakura comenzó a tratarse entonces con Nobuo Kurokawa, un médico que es hoy uno de los principales especialistas de Japón en SMJ. Kurokawa introdujo el término durante una presentación ante la Sociedad Japonesa de Medicina Psicosomática, en 1991. Kurokawa dijo haber dado a Sakura el mismo consejo que dio a muchas otras mujeres de su edad en idéntica situación: "pase la mayor cantidad de tiempo posible lejos de su marido".

En Japón, la jubilación se ha convertido en una riesgosa etapa de la vida para muchas esposas. A pesar de que este stress post jubilación es un problema común en los países industrializados, los analistas aseguran que Japón se volvió un caso especial por muchas razones, incluido el hecho de que un quinto de los japoneses tiene hoy más de 65 años, el porcentaje más elevado del mundo.

Si bien los papeles de hombres y mujeres sufrieron modificaciones entre la generación más joven, los japoneses de la tercera edad siguen mostrándose rígidos. El marido de Sakura le exigía una férrea obediencia, a pesar de que él pasó toda su vida totalmente al margen de su esposa e hijos. Se iba a la oficina muy temprano y después que terminaba su trabajo, salía. Y pasaba la mayor parte de sus vacaciones con colegas y clientes. Estas ausencias hicieron que su presencia en casa luego de jubilado resultara aún más irritante.

Parte de este problema tiene su raíz en que la tradición de padres jubilados que viven junto a sus hijos mayores está desapareciendo. Y como las parejas mayores se ven entonces obligadas a vivir solas, la cantidad de divorcios entre aquellos que están casados desde hace más de 20 años se duplicó en sólo 15 años.


THE WASHINGTON POST. ESPECIAL PARA CLARIN TRADUCCION: Silvia S. Simonetti



http://www.intramed.net


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Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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domingo, junio 18, 2006

45% de los hipertensos mayores de 55 años sufren síndrome metabólico

El Simposio Internacional sobre Síndrome Metabólico, promovido por la Fundación José Pastor Fuertes, la Fundación Valenciana de Arteriosclerosis y la Consejería de Sanidad valenciana, ha analizado la relación del trastorno con otras enfermedades cardiovasculares.

"De los elementos del síndrome metabólico la hipertensión es la que menos se relaciona directamente con el resto, pero está ahí porque es el primer factor de riesgo cardiovascular que se puede tratar para reducirlo".

José Redón, jefe de Servicio de Medicina Interna del Hospital Clínico de Valencia y miembro del comité organizador del Simposio Internacional sobre Síndrome Metabólico celebrado en Valencia, ha destacado que "entre el 45 y el 47 por ciento de los hipertensos mayores de 55 años tienen componentes de síndrome metabólico (SM) para definirlo, lo cual señala su prevalencia".

Ha alertado de que "cuando al hipertenso se le asocian alteraciones de SM, se incrementa no sólo el riesgo de tener enfermedad cardiovascular, sino también patología renal".

Respecto al abordaje de los pacientes hipertensos con SM, ha explicado que "se tienen que reforzar mucho las medidas no farmacológicas, especialmente la pérdida de peso -si hay sobrepeso- y el ejercicio físico". En segundo lugar, deben emplearse fármacos antihipertensivos que no induzcan más alteraciones metabólicas. "Sabemos que los betabloqueantes, a largo plazo, aumentan el riesgo de diabetes, igual que los diuréticos tiazídicos. Por lo tanto, deben tratar de evitarse en monoterapia". Redón ha señalado que "estamos un poco a la espera de qué pueden ofrecer los sensibilizadores de insulina para el control de la presión arterial".

"Cada vez se está conociendo mejor, porque la gente con SM tiene tendencia a que le suba la presión e indudablemente el factor más importante es la obesidad".

El experto ha remarcado que "sabemos que el tejido adiposo es capaz de segregar toda una serie de sustancias que influyen de una manera marcada en los niveles de presión. Algunas de ellas, que están en exceso, son capaces de activar el sistema adrenérgico y, por tanto, la retención de sodio. Otras, en cambio, están por defecto. Ya es conocido que las personas afectadas con SM tienen disminuidos los niveles de algunas hormonas, como por ejemplo la adiponectina".

Utilidad clínica
Rafael Carmena, catedrático de Medicina de la Universidad de Valencia y jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Clínico Universitario de Valencia, ha abundado que al SM "se le presta una atención especial en la medicina actual por su relación con un elevado riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares". El riesgo de sufrir diabetes tipo 2 en personas con SM es de dos a tres veces mayor que en sujetos normales de la misma edad, y el riesgo de sufrir un infarto de miocardio es casi el doble.

Según ha señalado Carmena, "la opinión más generalizada fue la de mantener el uso del concepto SM dada su constatada utilidad en la práctica clínica, si bien es necesario profundizar más en sus criterios de definición y en su fisiopatología".

En el simposio también se han analizado con atención especial la asociación de hiperlipemia familiar combinada y SM. Sobre los abordajes terapéuticos se expusieron cambios de estilo de vida, fármacos (hipotensores, estatinas, fibratos, bloqueantes de receptores endo-canabinoides, glitazonas, etc.) y futuros tratamientos con agonistas PPAR alfa/gamma".

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Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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miércoles, junio 14, 2006

El complemento del calcio

La vitamina D propicia la fijación del calcio en los huesos. Se obtiene de los rayos solares, pero los adultos mayores tienen dificultades para sintetizarla. Este nutriente está en los lácteos, la yema de huevo y los aceites de hígado de pescado.
Más de la mitad de las mujeres con osteoporosis en el mundo tienen niveles inadecuados de vitamina D. Así lo revela una encuesta realizada entre 400 mujeres mayores de 50 años del Perú, Argentina, Brasil, México y Venezuela. Solo el 2% de ellas toman vitamina D.

La encuesta, patrocinada por el laboratorio Merck Sharp & Dohme, reveló además que las mujeres que manifestaron no estar en riesgo de padecer la enfermedad dieron como razones la práctica frecuente de ejercicio (20%), la ausencia de dolor (18%) y el estar saludables (17%).

"Después de la menopausia, con la disminución de estrógenos aumenta el riesgo de osteoporosis, y se suma a esto la falta de vitamina D, que evita la absorción correcta del calcio. Todo esto puede afectar al hueso, provocar descalcificación y aumentar por lo tanto la presencia de osteoporosis y de fracturas. Hay una relación positiva entre la falta de vitamina D más fracturas", comenta el doctor Oswaldo Castañeda, reumatólogo y profesor de la Universidad Cayetano Heredia.

La vitamina D es fundamental para el crecimiento y desarrollo corporal, para la mineralización de los huesos durante el crecimiento y en los adultos para el buen mantenimiento de huesos y dientes.

Este nutriente se encuentra en los alimentos lácteos, en la yema de huevo y en los aceites de hígado de pescado y también se adquiere de la exposición al sol (se convierte el ergosterol de la piel en vitamina D). Su escasez en el organismo ocasiona alteraciones óseas, metabólicas y trastornos dentales. Su exceso, en cambio, provoca debilidad, cansancio, cefaleas y náuseas.


ADULTOS MAYORES

Es importante recordar que en los adultos mayores la piel disminuye su capacidad de convertir la luz solar en vitamina D y el riñón la de convertirla en su forma activa.

Debemos tener en cuenta que durante la menopausia aumenta la actividad de las células que degeneran los huesos (llamadas osteoclastos), por lo que estos pierden progresivamente su masa y su fuerza, y son más propensos a fracturarse.

La osteoporosis consiste en la disminución progresiva de la masa ósea, que ocasiona que los huesos se vuelvan frágiles y propensos a las fracturas. Esta enfermedad afecta a una de cada tres mujeres de 60 a 70 años y a dos de cada tres mujeres de más de 80 años (aproximadamente 200 millones en todo el mundo).

http://www.elcomercioperu.com.pe


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Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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sábado, junio 10, 2006

Envejecimiento: el papel de las hormonas

El llamado “eje hipotálamo-hipofisario” está formado por el hipotálamo, una región del sistema nervioso central, que regula el funcionamiento de la glándula hipófisis, que segrega hormonas especiales que a su vez controlan la producción de las hormonas que se producen en otras áreas del organismo. Estas hormonas “periféricas” influyen a su vez, por un mecanismo de retroalimentación, en la producción de las hormonas de la hipófisis.

Esto funciona de la siguiente manera: supongamos, por ejemplo, que la glándula tiroides está produciendo menos hormona tiroidea de la que el organismo necesita. Esto es “detectado” por el hipotálamo, que le “indica” a la hipófisis que produzca una hormona especial llamada “TSH”, cuya función es estimular a la glándula tiroides para que produzca más hormona tiroidea. En respuesta a esta estimulación, la tiroides comienza a producir más hormonas, hasta que las mismas llegan a los niveles requeridos. Cuando esto ocurre, el eje hipotálamo-hipofisario nuevamente lo detecta y hace que la hipófisis disminuya la producción de TSH para que la tiroides no se siga estimulando y no se produzcan hormonas tiroideas en exceso.

A este proceso por el que los niveles de hormonas periféricas (tiroideas en este caso) afectan la actividad del eje hipotálamo-hipofisario es a lo que se llama “retroalimentación”. La sincronía entre todos los componentes de este sistema es una de las características fundamentales del eje neuroendocrino que se ven afectadas por el envejecimiento, y afecta a las tres “áreas” principales del “envejecimiento hormonal”: el eje somático o GH-IGF-I (produciendo la llamada somatopausia), el eje gonadal o de las hormonas y órganos sexuales (gonadopausia), y la secreción de andrógenos por las glándulas suprarrenales (adrenopausia).

En este último caso, los estudios epidemiológicos revelan la disminución constante de la secreción de andrógenos (DHEA y DHEA-S) en hombres y mujeres mayores, aunque no se conoce el origen de este agotamiento en la función de la zona adrenal de las glándulas suprarrenales.

Modelos de envejecimiento

La tortuga y la langosta exhiben, sorprendentemente, pocos signos de envejecimiento, aunque todavía no se sabe bien por qué razones. En las moscas comunes, la activación del gen “Matusalén” conlleva una extensión de la longevidad de aproximadamente 30 por ciento.

En las ratas de laboratorio, el “rejuvenecimiento” se puede estimular por sustancias llamadas apolipoproteínas (Apo) E-3 y E-4, cuya producción se incrementa por los estrógenos. En los ratones transgénicos a los que se anuló la capacidad de producir Apo-E, en cambio, esta respuesta a los estrógenos no se produce. Este descubrimiento abona las suposiciones sobre el importante papel que jugarían los estrógenos en la prevención del envejecimiento neuronal y la enfermedad de Alzheimer.

Los estrógenos también jugarían un importante papel en la plasticidad neuronal (característica de un cerebro “joven”) induciendo la producción de proteínas especiales en los astrocitos (células que forman parte del sistema nervioso) e interviniendo en el funcionamiento de las neuronas que forman parte del eje neuroendocrino (sobre todo las neuronas relacionadas con el control de la secreción de hormonas sexuales). Esta respuesta de estas neuronas a los estrógenos se iría perdiendo con la edad

Rol del sistema neuroendocrino

La notable variabilidad en el estado del organismo de la población que envejece sanamente, y en la progresión de enfermedades relacionadas con el envejecimiento, (como por ejemplo la osteopenia, y los desórdenes cognitivos) pueden reflejar, en parte, las variaciones que naturalmente se dan en el producto final de la acción de los genes implicados.

Por ejemplo, la diversidad molecular en el receptor glucocorticoide (la parte de las células –producida por la presencia de un gen específico– a la que se van a unir los corticoides para poder actuar), puede influenciar los efectos de los corticoides sobre los distintos tejidos. En otras palabras: en dos personas sanas distintas, el mismo nivel de corticoides puede tener efectos diferentes porque los receptores sobre los que actúan son también diferentes en cada una de esas personas, pese a que en ambas el gen que “produce” dichos receptores es normal.

De hecho, se piensa que estos polimorfismos en otro receptor, el receptor IGF-I, podían ser relevantes para explicar las diferencias interindividuales en la atrofia de los tejidos que se produce durante el envejecimiento.





http://www.la-epoca.com/


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