Adulto Mayor ***

 

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martes, julio 25, 2006

Para cuidarse, a clase de gramática La Universidad Johns Hopkins ha realizado un estudio sobre ancianos

Hibernar en la mecedora, ver la tele y, quizá, una vista al mar pueden ser los ideales de la vida tranquila del jubilado, pero según una investigación de la Universidad Johns Hopkins (EEUU) publicada en la revista Journal of Urban Health, pasar cierto tiempo en un aula trabajando con niños es una forma aún mejor de cuidar la salud. Para Erwin Tan, profesor de Geriatría de dicha universidad, "trabajar como voluntario en un colegio no parece muy tentador, a primera vista, para los mayores estadounidenses, pero quienes lo hacen aseguran que es una experiencia enriquecedora" y ahora se sabe que puede ser beneficioso para la salud.

En un estudio con 113 hombres y mujeres mayores de 60 años, los investigadores evaluaron el estado físico en función de los niveles de actividad. Un grupo de 59 participaba en un programa de voluntariado, el Experience Corps Baltimore, diseñado en el Centro de Mayores de la universidad, una institución que asigna a voluntarios mayores puestos en guarderías y aulas de lengua como tutores de los alumnos, tarea que les ocupa 15 horas semanales. Los 54 individuos restantes no estaban involucrados en ninguna actividad similar, y sirvieron para la comparación.

Según los Centros para el Control de Enfermedades, todos los ciudadanos deben mantenerse físicamente activos o realizar algún ejercicio durante una hora cinco días a la semana. Los investigadores concluyeron que los mayores que pasaban por alto esas recomendaciones quemaban el doble de calorías cuando se enrolaban en un grupo de voluntarios, aunque siguieran sin hacer ejercicio. Este fenómeno se mantenía durante todo el año académico, mientras ayudaban en la clase de lengua.

Para Tan, la observación parece obvia: "Cuanto más ocupado está uno, más actividad física realiza, y los mayores que se mantienen ocupados como voluntarios acaban moviéndose más". No obstante, para él lo realmente novedoso ha sido comprobar que este tipo de trabajo voluntario puede aprovecharse para cumplir dos objetivos distintos: los niños y sus maestros se benefician de la sabiduría y la experiencia de los mayores en el aula y los mayores, por su parte, ganan en actividad física, que es buena para todo el mundo". Además, considera que el incremento de la actividad física y mental que experimentaban los voluntarios también les animaba a mostrarse más activos en otros contextos, como su propia casa, dándoles ánimo para emprender pequeñas reparaciones o cuidar el jardín.


Saludos Cordiales
Dr. José Manuel Ferrer Guerra

 

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sábado, julio 22, 2006

Osteoporosis un mal silencioso

La pérdida de masa ósea comienza calladamente, sin producir síntomas. En las primeras fases se llama osteopenia. Cuando avanza hasta convertirse en una osteoporosis hecha y derecha, los huesos se van volviendo cada vez más porosos, frágiles y vulnerables a las fracturas. No te quepa duda: se trata de una enfermedad con posibilidades de ser fatal", advierte la doctora Christiane Northrup, autora del libro La sabiduría de la menopausia.

Y es que las estadísticas mundiales respecto a esta enfermedad son alarmistas, por lo que es necesario tomar conciencia desde la adolescencia e invertir en un futuro mejor. Como siempre, la salud está en nuestras manos.

¿Qué es la osteoporosis?

La osteoporosis es el adelgazamiento y debilitamiento de los huesos que todas las personas sufren una vez que envejecen. Ahora bien, si este detrimento no se trata, el esqueleto termina por ser totalmente frágil y algunos huesos pueden tender a quebrarse (o fracturarse) incluso por traumatismos muy leves.

No obstante este proceso se desarrolla desde los 30 años en adelante, su proceso es tan lento que puede pasar muchísimo tiempo antes de que se manifieste pasado los 50 años.

Ahora, en cuanto a la tendencia según sexo, son las mujeres las que tienen un mayor riesgo de osteoporosis que los hombres. Esto porque después de la menopausia las mujeres sufren una rápida pérdida de hueso, como resultado de la baja en la creación de estrógenos, los que son muy importantes para mantener la resistencia de los huesos.

Otros enemigos

El tabaco y el alcohol son dos de los elementos que favorecen la aparición de la osteoporosis, ya que además de los riesgos asociados a ellos, su consumo elevado también puede dañar la capacidad del cuerpo para conservar unos huesos normales y sanos. Además, el tabaco activa la velocidad de la pérdida de hueso, aumentando las probabilidades de sufrir osteoporosis.

Asimismo, la falta de ejercicio también puede afectar, ya que la fuerza de los huesos depende en parte de las exigencias físicas a las que son sometidos. Es decir, los huesos necesitan cierta cantidad de ejercicio para mantenerse sanos y fuertes.

En cuanto a la alimentación, el consumo de bajas cantidades de calcio (productos lácteos y las hortalizas frescas) frena al cuerpo al obtener las materias primas que necesita para mantener la masa y la fuerza de los huesos.

La influencia de la genética Sin duda alguna, los antecedentes familiares pesan mucho a la hora de prever una osteoporosis. Así, si la madre o la abuela sufrieron de esta enfermedad, lo más probable que la hija tenga un riesgo mayor de sufrirla.

Además, hay que tomar en cuenta los antecedentes médicos, ya que si se tiene una glándula tiroides excesivamente activa, una enfermedad del hígado o anorexia nerviosa, es posible que se pueda producir osteoporosis.

Igualmente, ciertos medicamentos, como los corticoides, pueden tener efectos nocivos en los huesos cuando se utilizan durante largo tiempo.

Ahora bien, en cuanto al peso corporal, las mujeres demasiado delgadas tienen un mayor porcentaje de posibilidades de tener osteoporosis, ya que su esqueleto es más pequeño, tendiendo a romperse con mayor facilidad que una de contextura normal.

Factores de riesgo Es necesario aclarar que no todas las mujeres van a desarrollar osteoporosis después de la menopausia. Por eso es preciso considerar ciertos factores de riesgo. Estos son:
Osteoporosis: Un mal silencioso. Terra photo

La pérdida temprana de la menstruación (antes de los 40 años).
Antecedentes familiares de esta enfermedad.
Vida sedentaria, con poco ejercicio físico y desarrollo de la masa muscular.
El ingerir baja cantidad de calcio con los alimentos.
Sufrir o haber sufrido una depresión clínica importante.
Tener un historial de amenorrea (falta de reglas).
Beber mucho café.
Tomar esteroides con regularidad.
Padecer un trastorno de la glándula tiroides.
Fumar y abusar del consumo de alcohol.
El no haber tenido hijos.

Sintomatología

Muchas veces se descubre la osteoporosis porque origina fundamentalmente fracturas, al disminuir la resistencia de los huesos. Estas fracturas generalmente ocurren en las muñecas, las vértebras y la cadera.
La fisura vertebral suele presentarse pasado los 65 años, tras un mínimo esfuerzo, una tos o estornudo.

La repetición de estas fracturas puede producir una pérdida de estatura y una deformidad en la espalda con aparición de una joroba.

Esta modificación de la columna vertebral es la responsable de muchos de los dolores de espalda de las mujeres menopáusicas.

Las fracturas de cadera aparecen más tarde, generalmente después de los 70 años. Este quiebre puede tener como consecuencia graves complicaciones, que podrían afectar la independencia y autonomía de la persona que las sufre.

¿Cómo se puede prevenir?
Osteoporosis: Un mal silencioso. Terra photo

Si bien no se puede cambiar el rumbo de la vida ni podemos frenar el paso del tiempo en nuestro cuerpo; sí podemos tomar algunas precauciones para reducir el riesgo de padecer osteoporosis. Y para ello, nada mejor que consultar al médico, quien te aconsejará los pasos a seguir dependiendo de cada caso. Además, en estos momentos es posible realizar un diagnóstico previo de la osteoporosis con un examen de densitometría ósea.

Antes de llegar a esa etapa hay ciertos factores que pueden fortalecer las defensas en este ámbito. En este camino es importante consumir mucho calcio y fortalecer nuestros huesos hasta que lleguemos a la madurez esquelética (30 a 35 años), que es cuando comenzaremos a vivir de lo que ya consumimos. Entonces, se recomienda que durante la adolescencia y la juventud, se tome una cantidad adecuada de calcio con los alimentos, se realice un ejercicio físico constante y se haya suprimido el consumo del tabaco y el alcohol, esto con el fin de formar una buena cantidad de masa ósea.

Además, es necesario obtener importantes dosis de vitamina D. Para ello, una exposición al sol de 30 minutos al día es suficiente para que la piel produzca lo que necesita de esta vitamina, la que permite la absorción intestinal del calcio. En caso de que esto no sea posible, por el motivo que sea, se puede recurrir a alimentos naturales como el aceite de hígado de pescado o bien ingerir un suplemento diario de esta vitamina en forma de medicamento.

Tratamiento Una vez producida la enfermedad y, sea cual sea la edad de la paciente, deberá seguir insistiendo en las recomendaciones que se expusieron anteriormente: consumo suficiente de calcio, actividad física y exposición solar.

Se deberá también poner atención a la prevención de las fracturas (ya sea por caídas o golpes), pero esto sin eliminar el ejercicio físico, ya que éste mejora el tono muscular, el equilibrio y la agilidad, lo que disminuye las probabilidades de caídas.

En cuanto a tratamientos por medio de medicamentos, éstos deben ser recetados por un médico especialista. Sin embargo, lo mejor para su salud es que se diagnostique la enfermedad a tiempo, para que así pueda ser tratada y evitar que progrese la pérdida de masa ósea. En estos casos, se emplea algunos medicamentos como la calcitonina, los difosfonatos, e incluso los estrógenos en mujeres mayores.

 

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martes, julio 11, 2006

La influencia de la dieta en el deterioro cognitivo

Un discreto consumo de pescado, marisco y algo de alcohol puede ayudar a prevenir la demencia. Así se está viendo en diversos estudios en los que la conclusión a la que llegan los expertos es más o menos siempre la misma: comer poco y bien constituyen dos factores esenciales para mantener sanos tanto el cuerpo como la mente.

Seis años de investigación de un equipo de científicos de la Universidad Rush, de Chicago, han servido para llegar a la conclusión que quienes comen pescado al menos una vez por semana presentan un riesgo atenuado de deterioro cognitivo en la vejez. Los resultados de este estudio apuntan a que la tasa de deterioro cognitivo puede llegar a reducirse en un 10-13% en las personas que consumen pescado o marisco más de una vez por semana, frente a quienes prácticamente nunca prueban los frutos del mar.
A una conclusión parecida llegó también un estudio francés, llevado a cabo con 1.670 individuos de edad superior a 68 años, que fueron interrogados con respecto a sus hábitos alimenticios. El grupo que comía pescado por lo menos una vez a la semana (aunque no de forma diaria) fue el que registró las tasas más bajas de demencia senil, lo que los evaluadores adjudicaron a un efecto protector de los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 frente al ictus.

Pascale Barberger-Gateau, de la Universidad Victor Segalen, de Burdeos, no dudó en afirmar que el efecto registrado en ese estudio «apoya el papel protector del pescado y los mariscos frente a diversos tipos de demencia, incluyendo la enfermedad de Alzheimer». Por su parte, Harriet Millward, del Alzheimer's Research Trust del Reino Unido, da crédito a esta hipótesis y asegura que en Japón las tasas de demencia senil son muy inferiores a las de las sociedades occidentales. «Sin embargo, ciudadanos japoneses que emigraron hace años a Europa o América han acabado desarrollando más demencia que sus parientes isleños».

La especialista subraya los resultados preliminares del llamado estudio de Rotterdam, publicado en el British Medical Journal, reiterando que los pacientes ancianos que llevan una dieta rica en pescado o mariscos presentan un riesgo menor de demencia de Alzheimer que quienes optan por otros hábitos dietéticos. No se ha demostrado, en cambio, una relación positiva entre el consumo de carne y el riesgo de Alzheimer.

Consumo moderado de vino

Si comer pescado es bueno para evitar la demencia, beber alcohol con moderación también lo es. Los investigadores del citado estudio de Rotterdam no sólo hallaron que los individuos que comían pescado con regularidad se protegían frente al deterioro cognitivo, sino que el efecto de un consumo leve-moderado de cualquier tipo de bebida alcohólica puede reforzar más aún el bajo perfil de riesgo.

Una media de uno a tres vasos al día puede llegar a reducir el riesgo de demencia de cualquier tipo en un 42% y el de demencia vascular en un 70%. Los científicos de la Erasmus University (Rotterdam) examinaron nada más y nada menos que a 8.000 pacientes, de los que 197 manifestaron síntomas de demencia, siendo diagnosticados de enfermedad de Alzheimer 146 de estos últimos.

Monique Breteler, coordinadora del estudio, asegura que el hecho de que pescado y alcohol protejan a los ancianos frente a la demencia refuerza la hipótesis de que la mayor parte de las demencias tiene un origen vascular.

El papel de las vitaminas

Hace cuatro años, un artículo publicado en la revista Neurology, firmado por Hui-Xin Wang y su grupo de expertos, cuestionó en EEUU que tanto la llamada demencia vascular (desencadenada a partir de un ictus o microinfartos cerebrales) como la enfermedad de Alzheimer tuvieran su base en una disfunción del torrente sanguíneo. Esta teoría, bautizada como «hipótesis vascular de la demencia», pasaba por alto, según los investigadores, que niveles elevados de homocisteína actúan como un veneno para las células nerviosas y que, en consecuencia, el aporte de vitaminas capaces de poner a raya los niveles corporales de homocisteína, los folatos, podrían salvaguardar de manera eficaz la función cognitiva del cerebro.

Lo que el equipo de Wang averiguó fue que los individuos que llegan a la tercera edad con niveles muy bajos de vitamina B12 y ácido fólico tienen un riesgo aumentado de padecer demencia. Por añadidura, los expertos sostuvieron en su artículo que ambos componentes desempeñan un papel vital en la señalización molecular cerebral. «En ausencia de un nivel apropiado de vitamina B12 o ácido fólico, crecen la homocisteína y el riesgo de disfunción». Wang conminó a neurólogos y geriatras para que presten mayor atención a los niveles vitamínicos en sangre de los pacientes que ingresan en la tercera edad.

Con todo, los científicos reconocen que su estudio no fue diseñado para averiguar si un déficit vitamínico es la causa desencadenante de la enfermedad de Alzheimer y sugieren la puesta en marcha de ensayos clínicos con suplementación vitamínica para pormenorizar la capacidad preventiva de esta estrategia dietética.El caso es que el pescado no solamente es conocido por su valor nutritivo en términos de ácidos grasos omega-3, sino también por su riqueza en vitamina B12.


DIETA HIPOCALÓRICA, CEREBRO JOVEN

Un nuevo trabajo sobre la enfermedad de Alzheimer, realizado por Richard Weindruch y Tomas Prolla, de la Universidad de Wisconsin, Madison, en EEUU, concluye que comer menos protege más el cerebro.
Para ello examinaron la actividad genética de las dos regiones centrales del cerebro: la corteza (parte implicada en las funciones cognitivas) y el cerebelo (coordinador de las funciones motoras del organismo). Lo hicieron en dos grupos distintos de ratones; uno que seguía una dieta normal y otro con un 24% menos de calorías.

Los expertos descubrieron entonces que el grupo de la dieta hipocalórica desarrollaba menos respuestas de estrés y menos proliferación de radicales libres. Se conoce que estos últimos son causantes de numerosas lesiones celulares y aceleran los procesos de envejecimiento. Los investigadores llegaron a la conclusión de que una dieta hipocalórica ralentiza el envejecimiento cerebral y conserva mejor tanto las funciones cognitivas como las motrices.


http://www.consumaseguridad.com

 

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